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La necromancía o nigromancía es la rama de la adivinación que se dedica al vaticinio del futuro mediante la invocación de los muertos.

Definición

La necromancía es una rama de la magia negra que consiste en la adivinación mediante la consulta de las vísceras de los muertos y la invocación de sus espíritus, requiriendo según sea el caso del contacto con sus cadáveres o posesiones.[1]

La necromancía es la invocación de los espíritus de los muertos, para la adivinación. La creencia era que los muertos, al haberse liberado de la vida en el plano terrestre, tenían acceso a datos sobre el presente y sobre el futuro, una información que estaba fuera del alcance de los vivos.[2]

La aruspicina era una disciplina adivinatoria de la Antigua Roma que también pretendía adivinar el porvenir a través del examen de las vísceras, pero, a diferencia de la nigromancia, se centraba en las entrañas de los animales inmolados en honor a algún dios.[1]

Aunque el propósito de la necromancia no siempre era el de hacer daño a alguien, en general se consideraba que el proceso de convocar a las almas de los muertos y quizá molestarlos era algo inmoral y despreciable, por lo que se ganó su puesto en la categoría de las artes oscuras.

Historia

La necromancia aparece en la Biblia, ya en el Deuteronomio se previene contra la práctica canaanita de practicar la adivinación mediante el recurso a los muertos; se practicó en las antiguas Persia, Grecia y Roma, y vio renovada su popularidad en Europa durante el Renacimiento.

En el Primer Libro de Samuel, la Bruja de Endor llamó el espíritu del profeta Samuel para contestar las preguntas del rey Saúl y queda claro que su espíritu se hizo presente cuando la bruja lo llamó. Samuel le anunció que al siguiente día morirá con sus dos hijos y así fue.[2]

Estrabón habla de la nigromancia como la forma principal de adivinación entre los pueblos de Persia y se cree que estuvo también muy extendida entre los caldeos, en Etruria y en Babilonia. En la Odisea, Odiseo viaja al Hades y trata de invocar a los espíritus de los muertos mediante hechizos que le enseñó Circe. Ya von Eschbach cita la necromancia en el Perzeval, un mago llamado Clinschor aprende en la antigua Persia (Pérsida) el poder de controlar todos los espíritus que habitan entre la tierra y el firmamento.

En Grecia, Roma y Cartago debió ser popular, tanto en su vertiente de invocación a los espíritus como de adivinación mediante los cadáveres.[1]

Los griegos la utilizaban, principalmente los tesalienses; rociaban con sangre tibia un cadáver y creían tener luego ciertas contestaciones sobre el futuro. Los que consultaban debían haber hecho antes la expiación aconsejada por el mago que presidía la ceremonia y también había que apaciguar con algunos sacrificios al difunto, quien sin estos preparativos se mantenía siempre sordo a todas las preguntas.

Los antiguos romanos también practicaron la necromancia. Desenterraban a un muerto, hacían una ceremonia alrededor del cuerpo, despertaban al espíritu y comenzaban a cuestionarlo.

La mas famosa práctica de necromancia fue en el siglo XVI en el atrio de la iglesia de Walton-le-Dale, Lancashire fue hecho por John Dee, un conocido y respetado matemático, desafortunadamente tenía un interés en lo oculto. Este interés le causó la muerte.

Algunos necrománticos intentaban resucitar cadáveres de verdad y fueron acusados de querer enviar a esos cadáveres a atacar a los vivos, pero la mayoría se conformaban con convocar sólo al espíritu del muerto, celebrando rituales encima de su tumba, en los que pronunciaban encantamientos y dibujaban en el suelo palabras y símbolos mágicos. Muchas veces, el necromántico se rodeaba de cráneos y otras imágenes de la muerte, se vestía con ropas robadas a un cadáver y concentraba todos sus pensamientos en la muerte, mientras aguardaba a que apareciera el espíritu. Cualquier pequeña señal, por ejemplo, el temblor de la llama de una vela, se podía tomar como indicación de que el espíritu se encontraba presente. Entonces, el necromántico le hacía preguntas.[2]

La nigromancia, sobre todo en su forma de invocación de los espíritus de los muertos con propósitos mágicos o adivinatorios, es práctica común en religiones antiguas provenientes de África, como el vudú, el palo mayombe y ciertas ramas del espiritismo y la santería.[1]

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 Nigromancia en Wikipedia.
  2. 2,0 2,1 2,2 Necromancia
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